¡Hola, clase!
Me gustaría empezar esta entrada con una impresión personal, y es que he disfrutado mucho esta actividad no sólo por el tema que se trata en sí, sino porque estoy teniendo la suerte de, por casualidad, tener muchos “frentes abiertos” que se interrelacionan. Por un lado, esta este reto, que hablamos de hacking artístico, glitch e intervención fotográfica, es un campo que ya de por sí me atrae mucho. Pero, además, mientras tanto en otra asignatura (Interacción e Interactividad) estoy aprendiendo mucho sobre interfaces y sobre su punto crítico. Como colofón, en otra asignatura (Proyecto 3), estoy desarrollando un sistema que intervenga fotografías de usuarios…y realmente siento que todo esto hace que mis ideas estén en continua retroalimentación. Por ello, hago guiño a interfaces en este reto de programación y, además, al final de esta entrada, quiero mostraros un poco más sobre ese sistema de alteración de la imagen, aunque no sea evaluado en esta asignatura me parece apropiado traerlo aquí.
Ese guiño de interfaces que hago es que, a priori o para una persona que tan sólo las usa, pueden aparentar ser algo cerrado y claro, casi obvio…hasta que dejan de serlo. Y en mi pieza trato esa idea, es decir, parto de una acción muy simple: pulsar sobre una ventana de error, una acción que todos tenemos interiorizada como solución a un problema. Sólo que, en mi trabajo, no hay solución.
Cada vez que el usuario intenta “arreglar” el error, lo único que hace es activar el sistema. La ventana no desaparece, se queda, se acumula y, además, aparecen nuevos elementos que empiezan a contaminar cada vez más y más la imagen.
Comienza como algo pequeño, puntual, casi imperceptible, parece que no va a afectar nada…pero a medida que se va insistiendo (y es casi inevitable insistir) el sistema empieza a perder toda su estabilidad. Llega un momento en el que, prácticamente sin darte cuenta, ya no estás interactuando con una interfaz, sino que has sido incluido en un comportamiento.
PROCESO CREATIVO
He construido este sistema con elementos bastante simples: una imagen y walkers. Pero lo interesante para mí no era aumentar la complejidad o el número de elementos, sino actuar sobre la relación entre ellos.
Por un lado, hay walkers verdes, más lentos, que van generando estructura, masa, presencia… Por otro, los blancos, más rápidos y cuya función es más parecida a crear ruido, como una especie de contaminación más fina, más sibilina. No colaboran, no hay jerarquía, simplemente coexisten y se acumulan.
Lo que me interesaba especialmente era romper la relación causa-efecto: el usuario hace algo esperando un resultado concreto que ya tiene interiorizado, pero el sistema le responde de otra manera. No es un fallo técnico, es un desplazamiento del comportamiento.
Para mí, ha sido importante que todo lo que se ejecutase se quedara, persistiera, era crear la memoria del error. Y la sensación que quería transmitir no era que se entendiera automáticamente, sino que primero se sintiera, es decir, que alguien hiciera clic una vez y pensara “vale”, dos veces “mmm…”, y que empezara a notar que algo no iba bien, que llegase al momento de “ups, la he liado”. No es un colapso inmediato, sino progresivo.
Pero para ser honesta, mi proceso creativo no empezó bien. Tras hacer el ejercicio preliminar escogí un dibujo mío (os dejo la imagen a continuación junto con unas primeras pruebas que hice con Processing), que a su vez recreaba un dibujo de Miguel Ángel, sólo que lo hice con café. La idea conceptualmente me gustaba, hacer un homenaje al cruce entre arte tradicional y arte generativo… con la figura del estudio de anatomía que representé en ese dibujo funcionaba el mismo efecto de Elvis, pero notaba que, en mi caso, no quedaba un efecto tan atractivo como el de Warhol. Intentaba meter más y más cosas y tener un código completamente cerrado y predecible, con un control absoluto…pero cada vez me estaba sintiendo más incómoda con el resultado y aquí entré en modo bloqueo creativo total.
Cuando entro en bloqueo, me ayuda muchísimo buscar referentes; de hecho, en esta ocasión, me sacó del pozo. En concreto, dos obras que me han ayudado mucho fueron OSS y My%Desktop de JODI, donde la interfaz deja de ser transparente y empieza a comportarse de manera extraña…No es tanto una referencia visual directa como una forma de entender que la interfaz también se puede romper, saturar o volver incómoda.
MI OTRO PROYECTO – AFTER THE PORTRAIT
Como he dicho, quiero aprovechar esta entrada para enseñar algo que estoy desarrollando en Proyecto 3, ya que hay una línea de unión bastante clara entre estos trabajos.
En concreto, en este proyecto estoy trabajando con la intervención sobre retratos mediante sistemas generativos, donde la imagen se altera, se ve atravesada, para hacer una metáfora sobre la construcción de la imagen y la identidad. Me interesó mucho en este punto que la imagen siempre continuase siendo reconocible, que la pérdida no fuera agresiva. No destruir la imagen de golpe sino “contaminarla”.
Y creo que, aunque sean contextos distintos (Proyecto 3 y Programación), hay una coherencia de cómo quiero encajar los procesos y sistemas en mi práctica artística. Este proyecto se alojará en una web para que el usuario suba su propia imagen y vea el resultado, así como hacer un backend para crear un archivo colectivo de memoria; pero aún no estoy en esa fase, por el momento tengo el sistema de transformación para el cuál utilicé p5.js en lugar de Processing (muy parecidos, por cierto, apenas cuesta cognitivamente cambiar entre ellos). A continuación, os muestro algunas imágenes de amigos y familiares con los que he experimentado (la imagen original y la atravesada):
¡Espero que os haya gustado mi trabajo! ¡Un saludo!













Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.